The Ultimates: Ultimate Invasion 1 de 4
Los Buenos artistas copian.
Hola, soy Borja y me gustan los cómics, me gustan los superhéroes y me gusta Marvel. Lo cual es un poco duro de admitir, ya que de forma consensuada (lo tengo hablado con todos los del pueblo) muchos coincidimos en que la etapa editorial bajo el mando de C.B. Cebulski ha sido un erial creativo.
Hacía mucho que un cómic de Marvel me tenía pendiente de su siguiente entrega, esperando con ansia el siguiente episodio. Leer una etapa en español y correr a ver cómo se desarrolla a ritmo americano es un signo de que me he enganchado a una serie. Aunque ya controle mejor el impulso y sepa esperarme a la edición española y esquive los spoilers.
Eso es lo que me ha pasado con The Ultimates de Deniz Camp, Juan Frigueri, Phil Noto, Stipan Morian y muchos artistas, coloristas y rotulistas más. Me gustaría poder devolver un poco de lo que me ha dado esta serie en estos dos años, así que voy a intentar comentar la serie número a número (mes a mes?) e ir desgranándola.
ANTECEDENTES
Tenemos que irnos a casi exactamente un cuarto de siglo atrás en el tiempo para ver las raíces de las que surge el grupo, no sólo por contextualizar sino porque Camp establece reflejos y diálogos con las versiones anteriores de Mark Millar y los Vengadores cinematográficos, que de esos no se escapa nadie ya.
El siglo XX culminó con una sacudida, Al-Qaeda realizó 4 ataques terroristas que dejaron un balance humano de 2996 muertos y al rededor de 25000 heridos. Esto tuvo muchas consecuencias, las principales son que el intervencionismo autoritario del país se redobló en oriente medio y cómo se dispararon los niveles de paranoia de un país que desde su concepción lleva asustando a su población con varios enemigos interiores.

Los cómics de superhéroes de la década de los dos miles reflejan en parte ese sentimiento, los grupos empiezan a funcionar a un nivel macro, por encima no solo de la ley y la justicia cuando esta falla (cosa que ya hacían) sino por encima de los gobiernos y los países. Los superhéroes se vuelven geopolíticos. La otra vertiente, la de la paranoia se ve claramente en que durante esos años, el enemigo es invisible, los problemas a los que se enfrentan los héroes no tienen culpables o causantes, las luchas intestinas se suceden y el conflicto siempre es la falta de confianza mutua.
Buen ejemplo de esto son la etapa de Bendis en sus Vengadores, con sus guerras civiles, invasiones secretas y conspiraciones varias, etapa que me gustaría revindicar en otro momento si me permiten.

Los Ultimates de Mark Millar marcan todas las casillas de este bingo contextual, su grupo no tiene amenazas ni enemigos contra los que combatir salvo ellos mismos. Cuando si hay estos enemigos, resultan ser versiones distorsionadas de ellos mismos. Están por encima de la ley y disponen de todos los medios para llevar a cabo sus caprichos.
También cabe destacar una constante del universo Ultimate de aquella época y es que en el afán de superarse en lo edgy ningún personaje en este comic es agradable, todos son unos cretinos de tomo y lomo y el que no es, es porque le falta tiempo.
En lo estético, Bryan Hitch, al que volveremos más tarde, despliega un arte que destaca por el uso de viñetas panorámicas, imitando un estilo cinematográfico en sus planos y desarrollo de la narrativa visual. No en vano estos Ultimates fueron la inspiración visual de los Vengadores del cine.
EL PRÓLOGO: ULTIMATE INVASION
Antes de hablar de la serie hay que comentar un poco qué la acompaña y qué la precede. Creativamente, la etapa editorial de Cebulski, recientemente terminada, se caracteriza por mucho continuismo y nostalgia, los únicos destellos creativos, los pocos, son cuando dan carta blanca a según que autores para que hagan lo que les plazca. El ejemplo más claro es la etapa de X-Men del propio Johnatan Hickman en Krakoa.
Hickman abandonó la isla de los mutantes, cosa muy propia en él ir soltando proyectos en los que la injerencia editorial o él mismo lo alienan.
En nuestro caso le dieron carta blanca, recrear el universo Ultimate y volver a uno de sus personajes fetiche y seguramente un inserto de si mismo en el universo Marvel.
Vuelve el Hacedor.
Para quién no lo sepa, El Hacedor (The Maker en inglés, porque el Fucker era ya pasarse) responde a la pregunta que se le hace a muchos personajes del universo Ultimate original: ¿Y si este personaje fuera un energúmeno? En este caso se trata de Reed Richards convertido en un incel rencoroso (redundante) antes incluso de que supiéramos que eran los incels.
Movido por el despecho, este Mr Fantástico decide abandonar toda brújula moral y dejar atrás la ética para perseguir sus objetivos. Cuando el universo Ultimate implosionó fue trasvasado al universo original para seguir aprovechando el potencial que tuviera.
No os voy a andar con rodeos, no lo soporto. Y eso está bien, eso le hace un buen villano. Eso, en un panorama en que todos los villanos de cómic lo son por los motivos equivocados, que todos tienen su tragedia que les ha movido a ser como son, eso hace que disfrutes más cuando es derrotado. El problema con El Hacedor es que no lo soporto por los motivos equivocados. No lo soporto porque es el personaje más listo de la sala a base de hacer que los demás se vuelvan lerdos, no lo soporto por ser un auto inserto, no lo soporto porque aglutina todos los defectos de Hickman como escritor.
Si, aún me escuece su etapa a cargo de Los Vengadores. Pero ese, es otro tema para otro tocho.

Ultimate Invasion 1 (por fin, el análisis del cómic, copón bendito). Spoilers a partir de ahora), empieza con un robo. Por lo que sea la persona más peligrosa para el país, para el planeta, para el universo conocido y la realidad en la que vivimos, está encerrada en una torre en Nueva York, porque supongo que el único personaje al que se llevan a un desierto lejos de la civilización es a Hulk. Que me vale también que lo metan en un agujero en Alaska, pero no, en Nueva York.
Convenientemente para saber que está pasando uno de los cuatro ladrones está en su primer día en la oficina y hay que explicárselo todo. Tras una secuencia de acción táctico-flipada en la que vemos que estos comandos de la muerte tienen hasta una granda de vórtice de agujero negro como el de Interestellar los ladrones/paramilitares llegan a la celda en la que está el Hacedor.
Un apunte algo técnico, una de las características que distinguen estilísticamente el universo Ultimate del ordinario en Marvel es la tipografía. Los cómics usan una tipografía siempre en mayúsculas que favorece el trabajo manual de rotulación y ayuda a su legibilidad, por cuestiones de espacio la "I" sólo es mayúscula cuando se refiere al pronombre personal de la primera persona singular. Son los dosmiles, la rotulación ya es digital, así que, alterando un detalle menor un comprador despistado es capaz de saber que estos no son los cómics Marvel de siempre.
Bien, pues El Hacedor habla en minúsculas, porque es un personaje de otro universo como lo son los Asgardianos que hablan avikingadamente y, estoy seguro de que esto ya es cosa de Hickman, le caben más palabras por bocadillo al tío pesao, odiará a la humanidad, pero está enamorado de su voz.

Otro detalle pequeño, la secuencia del robo son 12 páginas, suben un ascensor en 3 viñetas. Hickman dibuja el hilo musical sonando. Es un gag que se pierde entre todo el ruido visual y textual del cómic.
El Hacedor está en una prisión de máxima seguridad con vistas a la Zona Negativa, explica cómo ha llevado su plan de fuga comentando cómo en 37 sesiones de terapia ha programado psicológicamente a los médicos que le atienden. La culpa es de este mundo que le trata como un ser humano decente, ojo a esta peligrosa reflexión que al menos, sale de boca del villano amoral. Tras convertir a los ladrones en un clon suyo el Hacedor escapa andando de su prisión.
Títulos de crédito, 20 páginas de prólogo.
En los títulos de crédito figura un agradecimiento a Donny Cates, el cual fue el promotor de la idea y el impulsor de la nueva línea Ultimate. El iba a encargarse de los guiones de Ultimate Spiderman, es más había basado en si mismo muchos aspectos del personaje.
Desgraciadamente, en 2022 Donny Cates sufrió un accidente de coche que le produjo graves lesiones y una amnesia que le borró los seis mese anteriores al accidente. Además de eso, durante su recuperación pasó por un divorcio. Cates ha trabajado en proyectos relacionados con el cine, pero pese a que se anunció que volvería a escribir, aún no ha publicado nada nuevo a día de hoy. Se le espera con ganas.
La siguiente parte del número nos devuelve al concepto de los Illuminati, que vuelven a reunirse ante la amenaza que les ha surgido. Los Illuminati son una mala idea creada por Bendis para dar sentido y arreglar varios problemas de retrocontinuidad, mientras creaba nuevos problemas. Hickman cogió al grupo que representaba a las mayores potencias heroicas del mundo (Iron Man, Charles Xavier, Dr. Extraño, Mr. Fantástico, Pantera Negra y Rayo Negro) y en su gran trama sobre las incursiones les puso sobre la falsa dicotomía de salvar su mundo a costa de destruir otro. Aquí simplemente son un grupo de cabezas parlantes que explican impotentes como El Hacedor se cuela en todas sus trastiendas sin mucho esfuerzo y prepara su plan sin apenas oposición, ya que el es muy listo, mucho más que todos.

Su plan que no es otro que el de volver a casa, a su universo. Por el camino para para hablar con el otro refugiado universal, Miles Morales(que curiosamente habla en mayúsculas), e intenta convencerle sin ponerle muchas ganas, que el viene a hablar de su libro sobre todo.
Impotentes, los Illuminati ven escapar al Hacedor a un nuevo universo, uno al que el dará forma.
El número 1 acaba con un epílogo en el que Peter Parker es salvado de ser mordido por una araña.
Y ahí está, ese es su plan, esa es su idea, un mundo sin superhéroes. El hacedor va a cortar toda oposición antes de que pueda surgir siquiera.
Si reducimos lo que sucede a su mínima expresión este primer número es mucha manteca y poca panceta, una fuga, una segunda fuga y el plan del villano. En este caso lo interesante y en lo que apuesta el número es en la premisa, la idea de un nuevo universo sin héroes. Más interesante me parece que la idea sea inspirada por las palabras de Reed Richards que admite que de poder, borraría de la existencia al Hacedor. Algo bastante fuera de personaje, más aún cuando un par de páginas más atrás mantiene el discurso de hacer todo lo que se pueda e incluso lo que no se pueda para salvar el día.
Nuevos mundos. ¿Nuevos Héroes?
El arranque de este nuevo mundo, nace del cinismo que se esconde detrás de una pátina de realismo y verosimilitud. La muerte del superhéroe del siglo XX pasa por aquí.
Hemos visto desde que Moore escribiera su visionaria deconstrucción del género, como la idea y el concepto de superhéroe se desmorona y resquebraja en cuanto entra en contacto con el mundo en que vivimos. Otro autor que ha dedicado un buen volumen de páginas a ello ha sido Garth Ennis, recordando que al final son los sacrificados hombres duros de a pie que toman las decisiones difíciles los que salvan la papeleta. Las incursiones en el noir de Brubaker y de Bendis también nos demostraron que los héroes no pueden moverse ya en absolutos morales y todo se desdibuja en grises. Lo mismo nos pasa con todo el auge de los antihéroes o con la humanización de los villanos.
A la pregunta de cómo deberían de enfrentarse al Siglo XXI los superhéroes Hickman no tiene respuesta, o no le interesa responderla. A el le gustan los diagramas, los mapas, colocar fichas de domino, muelles en las escaleras y tirar de la palaca de la gran máquina narrativa de Rube-Goldberg que el ha creado.
Pero, quien si quiere preguntárselo y responderlo es Camp. Pero a Camp aún no llegamos.